Benito: El Padrino de Los Rabiosos

“Cuando uno pasa tanto trabajo tomando acción sobre lo que uno verdaderamente quiere, uno hace todo lo posible por proteger lo que se gana.”

~María Hernández Feo

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    El otro día, cuando salí de clase, fuí y compré unos Cheesy Pops en Burger King y me estacioné frente a Home Depot a contemplar mi vida. La verdad es que llevaba varias semanas sintiéndome drenada con todas las tareas de la universidad y tuve un momento durante mi curso de por la tarde en el que me hice una pregunta de suma importancia: ¿qué carajo yo hago aquí sentada mirándome los pulgares mientras mi profesor babosea sobre ese tema que yo no entiendo ni se cual es porque hace tiempo que deje de prestar atención? Han sido muchos los instantes últimamente en los que he circulado dentro de una flojera extraordinaria, y supongo que todos pasamos por momentos como estos, momentos en los que decides ir a comprarte unas frituras en el servi carro para aliviarte el espíritu y luego presionas dos dedos sobre la esquina de tu muñeca para ver si todavía tienes un pulso o alguna señal de vida. Justamente ese fin de semana había pasado el concierto de Bad Bunny, el artista que se ha convertido en uno de los tesoros más preciados de la música puertorriqueña contemporánea, y desafortunadamente yo me lo perdí por estar estudiando para un examen que me atropelló física y emocionalmente. Mientras pasaba los minutos pensando profundamente sola en mi carro, consideré muy seriamente si es posible vivir una vida próspera sin una educación formal ya que la universidad me hace sentir altamente inadecuada la gran mayoría del tiempo. Llegué a enlistar todas las razones por la cual estudiar no es un requisito para alcanzar el éxito, pero después me di cuenta que mi cerebro se había apagado y la energía que estaba participando de mi crisis existencial era mi cansancio. Fue ahí cuando prendí el disco más reciente de Bad Bunny y lo escuché de principio a fin estacionada frente a Home Depot comiendo Cheesy Pops con salsa agridulce. Yo nunca he sido una fanática dedicada al género de trap, pero con el disco “X100PRE” he cambiado. Aunque me encontraba derrumbada en Mayagüez, concluí que la música de Bad Bunny tiene un elemento transformador, una característica conmovedora que me ayudó mucho en ese momento de debilidad. Nosotros los jóvenes siempre nos encontramos con el desafío de demostrar que podemos crecer y ser individuos contribuyentes al cambio de nuestro entorno, pero muchas veces tenemos que irnos a los puños con todas las personas que nos ponen en duda, con todos los límites que los demás nos quieren imponer y hasta con los límites que construimos por nuestra propia cuenta. A raíz de esto nos llenamos de rabia porque quedamos atorados mientras muchos nos ven como seres desalineados e incomprensibles. Sin embargo, las canciones de Bad Bunny aluden a este tipo de situación con el propósito de liberar a cualquier ser que necesite deshacerse de una mala vibra con un ritmo pegajoso y una pista que pasa a convertirse en un lema de vida. Logré escalar fuera del boquete de oscuridad familiarizándome con el trabajo de una figura que no le tiene miedo a pensar en grande, a ser auténtico , a vivir con soltura, a usar gafas exóticas y esmalte de uñas, a celebrar el pueblo de Puerto Rico en todas las esquinas del planeta, ni a obligar a una generación completa a darse a respetar cuando hace falta mediante el trabajo árduo.  Es por esto que yo me he tomado la libertad de decir que Benito Martínez Ocasio es indiscutiblemente el padrino de los rabiosos.

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La música se presta mucho para producir nostalgia. Todavía recuerdo el día que yo llegué a mi casa en segundo grado cantando la canción “La Gasolina” de Daddy Yankee. Mi mamá, siendo una mujer conservadora y católica le preocupaba el hecho de que su hija menor estuviese cantando una canción de ese contenido “vulgar” tan apasionadamente. Fue ahí cuando me prohibió seguir cantando el himno de aquel momento, pero yo era una niña bastante obstinada asiqué la obedecí a mi manera. Dejé de cantar mi canción favorita, pero arranqué un papel de una de las libretas que tenía en mi mochila de la escuela, y con una crayola redacté la lírica que tenía sonando en mi mente gracias al legendario Daddy Yankee. Luego fuí hasta el cuarto de mi mamá a dejarle este papel debajo de la puerta. Al ver esto, ella simplemente puso su mano sobre su frente para evitar que la vena que se le estaba hinchando estallara. En ese momento mi madre tuvo que aceptar que yo soy inmune a la censura y que su hija no encuentra que su gusto por la gasolina es motivo de vergüenza. Dentro de unos cuantos años me acordaré del día que estaba sola en Mayagüez, en un parking comiendo fast food, tratando de encontrar una manera para continuar con mi vida y mi carrera mientras usaba el disco del conejo como el antídoto de mis frustraciones.

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Hay muchas nociones erróneas sobre la música trap y la imagen de artistas como Bad Bunny. Si yo le enseñara a mi abuela un video de Bad Bunny cantando en el Choliseo, ella probablemente se indigne luego de pasar una subida acelerada de su presión arterial, pero hay una razón muy clara por la cual esto sucedería. Generaciones previas a la de nuestros familiares no están acostumbradas a ver un carácter de expresión tan explícito, y por eso tampoco se dan cuenta de lo necesario que es tener un espacio en el que uno pueda desquitarse por un momento a través de este tipo de música. Yo estoy segura que en el siglo 20 por ejemplo todavía era raro ver a un artista chambear y jalar con una vestimenta llamativa en un mismo espectáculo. Probablemente personas como Frank Sinatra hubiesen querido hacer lo mismo, pero eran otros tiempos en los que el acto de no comer cuentos con nada ni con nadie era algo inconcebible.  Contrario a lo que muchos entienden, el trap no se trata de un conglomerado de cafres lanzando contenido profano en la radio para cobrar mucho dinero. Dentro de este movimiento artístico existe una necesidad muy grande de regar un mensaje que nos enseña a querer superarnos, a querer sobrepasar todo tipo de adversidades, a vivir una vida mejor a pesar de las circunstancias difíciles que se nos presenten en el camino. Por otra parte, yo también aprecio el hecho de que la conformidad no existe en el vocablo trap, y que Bad Bunny ha creado un estilo individual que exhorta a la gente a cuestionar la estructura que muchas personas que vinieron antes de nosotros quieren que sigamos al pie de la letra. Es cierto que esencialmente, este modo de expresión es extremo y drástico en su búsqueda para cambiar una manera de pensamiento, pero si no fuese así, el trap no tendría el auge ni el seguimiento que tiene actualmente. A veces es mejor presentar la realidad de una manera cruda y punzante en vez de tratar de endulzar la verdad para ocultar lo que vivimos. Con canciones como “Amorfoda” es imposible no entender que el desamor a veces apesta a mierda de letrina y que las relaciones románticas pueden dejarnos en un estado catatónico en el que no nos queremos mover hacia ninguna otra persona luego de la desilusión. ¿Cuantas veces nosotros no hemos escuchado a nuestros padres y a otros adultos que se creen que se las saben todas decirnos que tenemos que ser bomberos, peloteros, o ingenieros para tener un futuro prometedor? Yo no creo que yo haya escuchado una aseveración más incorrecta que esa, pero por alguna razón mucha gente por ahí anda menospreciando a aquellos que no le tienen miedo a probar cosas nuevas, a buscar una vocación propia para evolucionar a nivel individual y para influenciar a otros a que logren hacer lo mismo. Según Bad Bunny, ser original y sincero nunca pasará de moda, y lo siento por todos aquellos que confían en un modelo retrógrada , pero yo estoy totalmente de acuerdo con él y por esto es que muchas personas como yo se identifican con su legado.

Por medio de su música, Bad Bunny también ha logrado juntar a una sociedad polarizada en un mismo bonche. Cuando yo estaba viendo las publicaciones de mis amistades en las redes sociales ese fin de semana que el conejo decidió dar tres funciones en el Choliseo, me dí cuenta de las distintas caras que llegaron al concierto, pero, sobre todo, parece ser que todo el pueblo de Puerto Rico se reunió en un mismo complejo a ver la llegada de una leyenda (y no creo que este exagerando con esta descripción). En nuestro ambiente conocemos muchas maneras en las que las personas logran crear rupturas, discrimen, rechazo, y negatividad. Sin embargo, es increíble como Benito ha podido innovar un método que funciona para establecer unidad, porque con sus canciones, se ha comprobado que personas de cualquier origen pueden celebrar el poder de la música sin temerle a lo que los demás piensen. Tal vez yo no tengo mucho en común con el muchacho que camina al frente mío en la acera de la universidad, pero si yo me acerco a él y prendo una canción de Bad Bunny, yo podría romper el hielo e iniciar una conversación, y si tengo suerte, ambos podríamos llegar a un nivel de compañerismo.

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Hablando de conversaciones, anoche mismo estaba cenando con dos amigas mías y todas nos pusimos a discutir como Bad Bunny es un ejemplo a seguir, especialmente para todas esas personas que quieren darse la oportunidad de trabajar para un día poder ver los frutos de sus ambiciones. Si uno se pone a pensar, Benito es una persona muy valiente. No todo el mundo tiene las agallas de mandar pal carajo a esos sopla potes que se esmeraran en tratar de hacer ver que nuestros sueños son “ridículos”, “inalcanzables”, o “demasiado riesgosos”.  No todo el mundo tiene la fortaleza suficiente como para saber que la individualidad no se comparte, y que vivir vale la pena solamente cuando lo hacemos bajo nuestros propios términos. Definitivamente sentimos la herida cuando personas cercanas a nosotros tratan de convencernos diciendo que el éxito solamente tiene un rostro con facciones específicas e intransigentes. Yo no puedo ni siquiera contar la cantidad de veces que mis papás me enumeraron todas las carreras que yo debería descartar porque, según ellos, me iba a morir de hambre, o porque las probabilidades de tener un buen puesto eran similares a aquellas de ganarse la lotería, o porque no iba a conseguir un marido que soportara a una mujer que siempre está ocupada en el trabajo ganando más dinero que él, o porque iba a ser yo la que terminaría sirviendo Cheesy Pops en el servi carro de Burger King. A mí me hierve la sangre conocer a personas que van por su día señalando aquellos individuos que, supuestamente, van a pasar su existencia barriendo el suelo del fracaso. Yo estoy segura que optar por rutas poco convencionales es necesario porque Bad Bunny me lo demostró . Aquí estamos hablando de Benito Martínez, un joven que se crio en Vega Baja, un estudiante que se dió de baja de la universidad, un empleado que llenaba bolsas de supermercado, y un emprendedor que sabía lo importante que es atravesar su camino siguiendo las instrucciones de sus instintos. Al ser autodidacta y al guardar las enseñanzas de la experiencia, el probablemente esté más preparado para enfrentar su carrera que una persona que tiene una pared repleta de placas universitarias. Benito es el ejemplo más emblemático de lo que significa empezar desde el fondo, sudar la caminata, y plantar tu bandera en la cima. Por esto también a Bad Bunny no se le ha olvidado el valor de la humildad, porque cuando uno pasa tanto trabajo tomando acción sobre lo que uno verdaderamente quiere, uno hace todo lo posible por proteger lo que se gana.

La parte más respetable del trayecto de Bad Bunny es la manera en que el sostiene la influencia de su país de origen. Nosotros los puertorriqueños somos los seres más perseverantes que se conocen hoy en día, y una de nuestras herramientas de sobrevivencia es la música. Pueden venir huracanes y gobiernos corruptos, pero todo eso se resuelve con un una cerveza fría y el repertorio del conejo tocando en la bocina. Recuerdo que el año pasado yo estuve de viaje por África, y cada vez que montaba una conversación con un local, ellos describían a Puerto Rico como la tierra de Bad Bunny y “Despacito”. Eso me lleno de mucho orgullo porque el mudo es muy grande en comparación a una isla que mide 100 millas por 35 millas, y jamás se me hubiese ocurrido que la energía de nuestra gente se esparciera tan lejos. Muchas veces pensamos que, al venir de una isla que ha pasado por tantos desastres, nosotros no podemos sobresalir de la misma manera que lo hacen otras personas que vienen de lugares más desarrolladas y aventajados en términos de recursos. Por lo menos esa preocupación a mí me ha cruzado por la mente, pero si Benito encontró la manera de hacerlo, yo sé que los que le siguen a él también podrán distinguirse a nivel mundial. Ser latino implica tener un apetito insaciable por la música, pero el factor que nos hace un grupo aún más especial es que celebramos los triunfos de los nuestros, e igual que Ricky Martin, Marc Anthony, Jennifer López, El Gran Combo, Héctor Lavoe, Willie Colón, Daddy Yankee, Ednita Nazario, Chayanne, Lin Manuel Miranda, Benicio del Toro, Mónica Puig, y otros tesoros nacionales, Bad Bunny siempre será motivo de honra y gozo dentro del corazón de todos los puertorriqueños.

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Si les puedo ofrecer un consejo, lo mejor que les puedo decir es que cuando llegue el día en que se encuentren frente a Home Depot comiendo Cheesy Pops contemplando el estado de su existencia, no se asusten porque durante momentos como estos podemos encontrar cambios de perspectiva. No hay nada de malo en detenernos para organizar nuestros pensamientos. Es más, yo me alegro de esa tarde miserable que pase aquí en Mayagüez porque, si no hubiese sido por eso, probablemente todavía estaría metida dentro de un hueco, sin espacio para reflexionar, y sin idea de quién es Bad Bunny. Ahora puedo decir con gran felicidad que un trapero me cambió la vida, y saben qué , espero que Dios lo bendiga siempre por eso. Hay algunos seres audaces por ahí que prefieren no seguir las reglas, porque las reglas nos mantienen sedados dentro de una jaula con mil cadenas, asique para todos aquellos que estén llenos de furia y necesiten una manera de filtrar toda esa ira, acudan a Bad Bunny porque él es y seguirá siendo el padrino de los rabiosos X100PRE.

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